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¿Ha muerto el periodismo o solo está cambiando?

Una reflexión sobre información, redes sociales y bienestar mental

¿Ha muerto el periodismo o solo está cambiando?

Hola, amable lector:

Vivimos en una época en la que escuchar “el periodismo ha muerto” se ha vuelto algo habitual. Lo dicen periodistas veteranos, profesionales con décadas de experiencia que han visto cambiar la forma de comunicar, informar y conectar con las personas.

Hace poco tuve la oportunidad de hablar con Francisco Giménez Alemán, antiguo director del ABC, y hubo algo que me dijo que se me quedó grabado.

Me explicó que antes el periodismo seguía una estructura muy clara: lo más importante iba al principio. En los primeros párrafos el lector ya entendía qué había pasado, por qué era importante y cómo le afectaba. La prioridad era informar.

Sin embargo, según me contaba, hoy muchas veces se escribe al revés. El lector tiene que avanzar durante todo el artículo para llegar finalmente a la información realmente importante. Y eso ocurre porque gran parte del contenido actual está pensado para retener atención más que para informar con claridad.

Cuando escuché esa reflexión entendí que quizá el problema no es que el periodismo haya muerto, sino que en muchos casos ha cambiado la intención con la que se comunica.

El cambio en la forma de consumir información

Durante muchos años, la información estuvo concentrada en unos pocos medios de comunicación. Ellos decidían qué era importante, qué debía contarse y desde qué enfoque debía hacerse.

Hoy eso ya no funciona igual.

Las redes sociales han abierto miles de canales nuevos donde cualquier persona puede compartir una historia, una opinión o una realidad distinta. Temas que antes permanecían invisibles ahora tienen espacio. Personas que antes no eran escuchadas hoy pueden hablar.

Y eso, aunque a veces resulte caótico, también tiene algo profundamente positivo.

La audiencia ya no depende únicamente de unos pocos medios tradicionales. Ahora puede elegir qué consumir, qué evitar y qué voces seguir.

La audiencia ya no es la misma

Uno de los grandes errores del viejo modelo de comunicación fue pensar que la audiencia era pasiva.

Hoy las personas comparan información, investigan, cuestionan y buscan contenido que realmente les aporte valor. Por eso cada vez cuesta más conectar con titulares alarmistas diseñados únicamente para generar clics rápidos.

La gente está cansada del miedo constante.

Y aquí entra algo importante para nuestro bienestar mental: la forma en la que consumimos información afecta directamente nuestra salud emocional.

Cuando vivimos rodeados de noticias negativas, ansiedad colectiva y contenido pensado para impactar más que para informar, terminamos agotados mentalmente.

Por eso muchas personas ya no buscan solo “estar informadas”. También buscan sentirse comprendidas, encontrar equilibrio y consumir contenido que aporte claridad en lugar de ruido.

Redes sociales: entre la libertad y la burbuja

Las redes sociales han democratizado la comunicación, sí. Pero también tienen otra cara.

Los algoritmos suelen mostrarnos contenido alineado con nuestras ideas, gustos y emociones. Poco a poco pueden encerrarnos en una burbuja donde solo vemos aquello con lo que ya estamos de acuerdo.

Y ahí aparece un nuevo reto.

Porque el bienestar también necesita pensamiento crítico. Necesita reflexión. Necesita escuchar otras perspectivas sin caer en el odio o la polarización.

La nueva labor del periodismo

Quizá el periodismo del futuro no consista solo en informar rápido.

Quizá su verdadera misión sea ayudar a las personas a comprender mejor el mundo sin manipularlas emocionalmente. Informar sin tratar a la audiencia como si fuera ingenua. Generar conversación en lugar de miedo.

El periodismo todavía tiene una función social muy importante: ayudarnos a pensar, reflexionar y salir de nuestra propia burbuja.

Porque una sociedad bien informada no es aquella que consume más noticias, sino aquella que desarrolla criterio propio.

Informarse también es cuidar la mente

Así como cuidamos nuestra alimentación o nuestro descanso, también deberíamos cuidar la información que consumimos cada día.

Elegir mejor qué vemos, qué leemos y a quién escuchamos es una forma de bienestar emocional.

Tal vez el periodismo no esté muriendo.

Tal vez simplemente está aprendiendo que las personas ya no quieren solo información.

También quieren humanidad.

¡Feliz día!

Azucena Monge Pérez

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